Clínica y praxis analítica. Ronald Portillo





"How To Look At Trees" and recognize something beautiful in the formation of an ordered beauty a to catch the eye and discover the secret of the whole, such is the grandeur against the sky and we are the silhouette of broken light.
by Carriezona on DeviantArt 


La reformulación que hace Lacan sobre el inconsciente, elaborado por Freud en su primera tópica, fue objeto de sucesivas modificaciones a lo largo de su enseñanza, sobre todo las referentes a la clínica psicoanalítica y por ende a la práctica que llevan adelante los psicoanalistas.

La celebre frase “El inconsciente está estructurado como un lenguaje” marca el punto de partida de la enjundiosa tramitación de tal concepto fundamental.

La referencia a Ferdinad de Saussure, da cuenta de los elementos presentes en tal estructura: significante y significado. Tales elementos se revelan esenciales para acceder no sólo a la estructura, sino al funcionamiento del inconsciente.

La noción de inconsciente es indisociable del efecto de significación que va generando el reenvío significante en el discurso del sujeto.

En la medida en que va desplegándose una cadena significante, se va produciendo un potencial torrente de significaciones, hasta el momento en que surge una que introduce un punto de orden, un punto de detención en el torrente y pasa a revelarse lo que ese encadenamiento quiere decir.

Lacan va a precisar el elemento que detiene en un momento dado el deslizamiento de una cadena que pudiera ser infinita. Tal detención permite la emergencia del “que quiere decir”, vale decir la significación de lo que se dice.

Tal elemento fue identificado por Lacan como el “punto de capiton”, y su función será ejercida a partir de la instancia del nombre del padre.

Asi, en la estructuración del inconsciente como un lenguaje, participan además del signicante, el significado y el punto de capiton. Todo el proceso en el marco de una temporalidad propia del inconsciente: la retroacción, el “apres-coup”.

Las formaciones del inconsciente, forma lacaniana, para referirse a las diversas manifestaciones del inconsciente descritas por Freud en los textos mayores relativos a la primera tópica, son totalmente solidarias de la estructuración de lenguaje del inconsciente. A titulo especial el sintoma freudiano, forma parte de tales formaciones e ilustra tal estructuración.

Las formaciones del inconsciente, conllevan una significación desconocida, y el planteamiento de Freud apuntó desde muy temprano, a que tales formaciones querían decir algo, contenían un mensaje oculto, un significado a descifrar..

La aplicación del psicoanálisis al sintoma neurótico, tuvo desde el comienzo la intención clara y precisa de descifrar la significación oculta, de interpretar lo que el sintoma quería decir. “La interpretación de los sueños”, texto fundacional de la teoría psicoanalítica ha podido llamarse “El desciframiento de los sueños”.

Para Freud interpretar era equivalente a descifrar, lo válido para los sueños era también aplicable a todas las formaciones del inconsciente. Y que es lo que se trata de interpretar o descifrar en la experiencia psicoanalítica?

Freud deja ver desde temprano que lo que se trata de develar es la verdad Inconsciente, la que se encontraría cifrada en las formaciones del inconsciente, y en particular, en el sintoma. Esa verdad oculta ha sido sometida a un proceso de represión inconsciente.

Tal verdad es susceptible de develamiento, y lo más sorprendente es que cuando tal verdad es descfifrada,  resulta que también es revelada la verdad del deseo inconsciente. De este proceso surge la orientación de la practica psicoanalítica centrada en su operador fundamental: la interpretación psicoanalítica.

Cuando hablamos del inconsciente, planteado como verdad reprimida en términos de lenguaje, la interpretación analítica correspondiente aspira al descubrimiento del deseo inconsciente vehiculado en esa verdad.

La expresión lacaniana de “El inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Constituye la forma más acabada de plantear la inscripción del inconsciente en el registro de lo simbólico.

La práctica del psicoanálisis orientada por Lacan, va a centrarse al comienzo de su enseñanza, tal como lo hace el psicoanálisis clásico, en lograr el desciframiento del inconsciente, logrando por esa vía la resolución terapéutica del sintoma, al menos en su dimensión inconsciente.

La práctica psicoanalítica pasa luego a tener un objetivo principal en las elaboraciones de Lacan, con una clínica basada en la formulación del fantasma, instancia constituida por una parte con un componente inconsciente y por la otra, con un componente perteneciente a la segunda tópica freudiana, una producción del ello, una pulsión.

Ya no se trata de verdad reprimida, una cuestión de deseo inconsciente, se incorpora ahora la pulsión, el goce. 

El inconsciente presenta una estructura de lenguaje, conformado por significantes y sus efectos, por tanto susceptible de desciframiento. No es el caso para la pulsión, para el goce, pues no responden a desciframiento alguno, no responden a la interpretación analítica centrada en el lenguaje.

El fantasma, en su vertiente de goce, no tiene que ver con el inconsciente sino con el cuerpo, asiento de las pulsiones. Lacan. aborda el goce tomando la via del cuerpo.

El goce pulsional, incluido en el fantasma, se presenta como refractario al registro del Otro, está adscrito a lo real.

El deseo es el deseo del Otro, lo que implica la inclusión, a nivel inconsciente de una función de alteridad, un “partenaire” con quien relacionarse, una instancia significante, de palabra. Es la dimensión política del inconsciente.

Ese lugar del Otro a quien se dirige el inconsciente, pasará a ocuparlo el analista en la transferencia.

En el campo del goce pulsional, una parte puede ser tramitado por el significante o por lo imaginario, es el llamado goce fálico, quedando como resto, una parte del goce que queda por fuera tanto del tratamiento del significante como de la imagen.

Este goce pulsional ha quedado forcluido, y constituye la verdadera resistencia al tratamiento analítico, la resistencia de lo real.

Tales goces, el fálico y el real, son identificados por Lacan con los matemas – Phi (tramitado por los registros simbólico e imaginario) y (a)- goce del registro de lo real.

La práctica psicoanalítica, pasó a tener como referentes a éstos dos elementos, a tal punto que podemos leer en la “Proposición del 9 de Octubre de 1967”, lo relativo al final del tratamiento analítico a partir de estos dos integrantes _Phi, forma de escritura del sujeto y (a), escritura posible del goce real. Ambos precisamente constitutivos de la fórmula del fantasma.

La disyunción, la separación, de éstos elementos heterogéneos, como plantea Miller en la lección # 14 de su curso “El ser y el Uno”, daban la clave del llamado “atravesamiento” del fantasma, como final del tratamiento psicoanalitico.

Si en un primer momento la conclusión del análisis, estuvo centrada en la dimensión del deseo y la verdad inconscientes, relativos al reconocimiento del Otro, en la etapa “hegeliana” de la elaboración lacaniana, ahora el final del análisis se plantea a partir del fantasma y la disociación de los elementos que la integran: el inconsciente y el goce pulsional. El abordaje clínico y la posición del analista. pasaran por tanto a enfocarse en la lógica del fantasma.

El ultimo jalón de Lacan en lo relativo a la clínica psicoanalitiva, estará dado por la formulación del “sinthome”, designando lo que se ha llamado una clínica de lo real, una clínica del goce.

Si la verdad inconsciente tiene estructura de ficción, como plantea Lacan, no es menos cierto que lo real se sitúa por fuera de tal ficción significante. Lo real “ex-siste” a la estructura de ficción, de mentira, la verdad. De aquí que Lacan considere que en relación a lo real, la verdad es mentirosa. La clinica de lo real ex-siste” al inconsciente freudiano.

El término “sujeto supuesto saber”, referido a la transferencia, forma parte de la verdad inconsciente con estructura de ficción, está destinado a ser “no esencial” al final de la experiencia analítica, Tal como se plantea en “La proposición del 9 de Octubre”.

La verdad como estructura de ficción, constituye una suerte de construcción simbólica sobre lo real, un real sin ley significante y sin sentido.

El síntoma neurótico comporta, al igual que el fantasma, una forma de tratamiento simbólico sobre lo real, pretendiendo inculcar sentido a lo real , que carece de ello. Tratan de hacer existir lo que no hay: el “rapport sexual”.

Tal inexistencia equivale a una forma de manifestarse lo real.

La clínica psicoanalítica, tal como Freud la formulara, viene a ser una especie de respuesta ante lo real, teniendo como objetivo introducir algún tipo de ordenamiento en el desorden de lo real.

La clínica freudiana de lo inconsciente conduce al final a Lacan, a presentar una clínica de lo real, una clínica del goce. Es lo que subyace en el reemplazo propuesto por Lacan del inconsciente por el de “parletre”, el de ser-hablante.

Es un término propuesto en su última enseñanza, para incluir el goce pulsional y por tanto al cuerpo. Se desprende de ello que el llamado “acontecimiento del cuerpo”, traduzca un acontecimiento del “parletre” en donde está presente el goce pulsional, registro de lo real, donde hay ausencia de sentido.

El psicoanálisis orthodoxo se ha inclinado en la praxis psicoanalítica, por una interpretación soportada por el otorgamiento de sentido, operando a partir de la instancia del Nombre-del-Padre. Lacan al orientar la práctica hacia lo que queda fuera del sentido, hacia lo que Freud llamará “restos sintomáticos”, lugar en donde lo que predomina es el sin-sentido de lo real, convoca a los psicoanalistas a enfocarse en el goce, en tanto acontecimiento del cuerpo.

La interpretación psicoanalítica, basada en el sentido encuentra su fundamento en la castración simbólica, ejercida por la instancia del Nombre-de-Padre, reenviando sus efectos a la función fálica, presente en toda generación de sentido o de significación, como se puede apreciar en el escrito “La significación del falo”, en donde el falo aparece como testimonio de todos los efectos de significación.

Frente a la inclinación ortodoxa, Lacan se ubica en una posición hereje, heterodoxa del ejercicio del psicoanálisis, precisando que se trata de ser hereje de la buena manera, lo que explicita en el capitulo 1 del seminario XXIII:

"La buena manera es aquella que, al haber reconocido la naturaleza del “sinthome”, no se priva de usarla lógicamente, es decir hasta que pueda alcanzar su real".

J-A Miller en su articulo “Lo real en el siglo XXI”, invita al psicoanalista de orientación lacaniana a explorar la dimensión de la defensa contra lo real, sin ley y fuera de sentido.

Son varias las modalidades de defensa construidas por el sujeto para enfrentar lo real del goce pulsional. Entre tales modalidades de defensa que el psicoanalista, está llamado a desmantelar para acceder a lo real están: las formaciones del inconsciente, el sintoma neurótico, el sujeto-supuesto-saber, el fantasma, las identificaciones. Todas formas que otorgan sentido a lo real, elementos que se han erigido como mecanismos de defensa frente a lo real del goce, intentos de tramitación de eso que está fuera de la ley, extrayendo de ellos, mecansimo al fantasma, mecanismo por excelencia otorgador de sentido.

Se produjo un choque inicial del cuerpo y lo que Lacan nominó como la-lengua, especie de lenguaje que funciona sin lógica , sin ley y sin sentido, lo que dejó una marca en el “parletre¨. Lo que fué bautizado por Lacan con el nombre de “sinthome” es precisamente la consistencia de la marca que dejó ese choque.

Puede decirse que el “sinthome”, se reduce a ser la marca de un acontecimiento del cuerpo, como plantea Miller en el capitulo V de su curso “Piezas sueltas”.

Un acontecimiento del cuerpo, en tanto acontecimiento pulsional, se sitúa en la dimensión del sin-sentido, propio de lo real.

Lacan en el capitulo 1 del Seminario XXIII,  define precisamente a la pulsión a partir de la relación que se establece entre el cuerpo y el decir: Las pulsiones, son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. 

En el “Atolondradicho”, el decir se separa del dicho a causa de lo real. El decir ex-siste al dicho, al enunciado, de la misma manera que lo real ex-siste a lo simbólico.

A causa de lo real del decir , las pulsiones pueden tener eco en el cuerpo del parletre. La pulsión puede manifestarse en el cuerpo ,a consecuencia de que hay un decir imposible, el imposible lógico de lo real.

Con el “sinthome”, la clínica lacaniana dejará de considerar que lo sexual sea traumático para el parletre, sino el encuentro de la-lengua con el cuerpo., asi lo plantea Guy Briole en la introducción de la compilación “Un real para el siglo XXI".

En el acontecimiento del cuerpo, se produce un choque traumático con la-lengua, generándose un goce autoerótico, un goce autista. Es el goce señalado con el S1, el Uno solo del goce.

En la clínica de lo real se presenta la repetición propia del Uno del goce, es el llamado por Miller goce de la “iteración” en el Seminario “El ser y el Uno”. La referencia al Uno solo y no al Otro, conducirá al franqueamiento conceptual del inconsciente real.

Al desplazarse la consideración del inconsciente en tanto estructurado como un lenguaje al planteamiento del inconsciente real, formulado por Lacan en el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, traerá por supuesto, consecuencias para la práctica psicoanalítica.

Lo real es uno, no es todo” afirmará Lacan en el Seminario RSI. Plantear lo real como Uno, implica que no es Otro, es decir, que no comporta el otro significante , el significante del sentido, también el significante dos del saber.

Plantear el inconsciente como real, conlleva un distanciamiento notable del inconsciente freudiano, el que podría considerarse , como se ha planteado, como una elucubración de saber sobre la-lengua, sobre lo real del inconsciente.

El inconsciente real no es susceptible de desciframiento, solo cuando se logra agregarle un S2 del sentido, puede pasar a ser interpretable.

Lo real está desprovisto de sentido, contrariamente a la estructura de ficción de la verdad, propia del registro del inconsciente freudiano. También existe donación de sentido en la elucubración fantasmática. Pero más allá de su atravesamiento, se encuentra el Uno de lo real del goce, presente bajo la forma de la iteración de goce, la repetición en enjambre del S1.

Van a distinguirse dos tipos posibles de escucha para el analista de orientación lacaniana. Una escucha relativa al surgimiento de algún sentido que pueda generarse a partir del S1, del Uno de lo real. La otra escucha tiene que ver con hacerse de una lectura con eso que está fuera del sentido.

El primer tipo de escucha se limita a una interpretación de sentido, inherente al inconsciente freudiano del sujeto. El segundo tipo de escucha, por parte del analista, comporta apreciar la relación con eso que está fuera de sentido, con la marca de goce, repitiéndose una y otra vez. Se trata de la relación que puede establecer el analista con lo singular de la clínica del sinthome, clínica propia del "parletre".

Y es que Lacan procede a presentar al sinthome como una forma de designar la singularidad del goce en cada quien, la singularidad de la-lengua de cada parletre. El lenguaje es universal, la-lengua pertenece a lo singular. Por ello, el modo de gozar de cada parletre,  no guarda relación con ningún otro parletre.

La praxis psicoanalítica conduce al parletre a identificar ése goce singular que en su momento Lacan llamó lo “incurable”.

Para conducir un tratamiento analítico, en donde el analista pueda situarse tanto en uno, como en otro nivel de escucha, tanto vislumbrando un sentido, como leyendo el goce sin sentido de lo singular del “sinthome”, Miller propone en el capitulo V de “Sutilezas analíticas”:

“¿Qué es un analista en la clínica del “sinthome”? Al menos, es un sujeto que ha percibido su modo de gozar como absolutamente singular, la contingencia de ése modo de gozar , que ha captado fuera de sentido”.

RP


Comentarios

Posts Destacados