La sesión psicoanalítica: inconsciente y tiempo. Ronald Portillo
La relación del inconsciente con el tiempo en la experiencia psicoanalítica fue motivo de interés desde los inicios mismos de las elaboraciones freudianas. Ya en el Manucrito M, dirigido a Fliess en Mayo 1897, se puede apreciar el interés temprano de Freud por el tiempo a propósito de la desfiguración onírica:
“En efecto la primera variedad de la desfiguración es la falsificación del recuerdo por fragmentación, en la cual son descuidados precisamente las relaciones de tiempo".(1)
Este pasaje temprano parece constituir un primer esbozo de parte de Freud sobre la consideración de la ausencia de temporalidad en el inconsciente. Vendría a ser el sistema Preconsciente-Consciente el encargado de organizar el tiempo en la atemporalidad del sistema, tal como lo describe Freud en el texto de Metapsicología, “Lo inconsciente:"
“Los procesos del sistema Icc son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el trascurso de este ni, en general, tienen relación alguna con él. La relación con el tiempo se sigue del trabajo del sistema Prc-Cc.”(2)
Así, la primera tópica freudiana añade un elemento diferencial a la distinción estructural a los dos sistemas que la conforman: el tiempo, atemporal para el inconsciente, dotado de temporalidad para el sistema Preconsciente-Consciente.
Un planteamiento igual será formulado en “Mas allá del principio de placer”, agregando aquí que lo inconsciente es atemporal en razón de que no es susceptible de representación:
“Tenemos averiguado los procesos anímicos son en sí “atemporales.” Esto significa, en primer término, que no se ordenaron temporalmente, que el tiempo no altera nada en ellos, que no puede aportárseles la representación del tiempo".(3)
La ausencia de representación, descrita por Freud, designa el registro de lo real en la enseñanza de Lacan.
La citada “atemporalidad” del inconsciente freudiano es consecuencia de la inexistencia de representación simbólica en el inconsciente, vale decir que no hay significante disponible para representar al tiempo en el registro de lo inconsciente: A/. Se devela, por tanto, lo real del inconsciente freudiano.
El marco referencial respecto de la “atemporalidad” de inconsciente freudiano lo podemos apreciar en la frase final de “La interpretación de los sueños”, en donde se presenta la imbricación de inconsciente con el deseo a propósito del tiempo:
“En la medida en que el sueño nos presenta un deseo como cumplido nos traslada indudablemente al futuro, pero este futuro que al soñante le parece presente es creado a imagen y semejanza de aquel pasado por el deseo indestructible.(4)
Anudamiento de los tiempos, a los que puede asignársele la condición borronea, para dar cuenta no solo del deseo inconsciente sino del inconsciente mismo, un inconsciente indestructible como el deseo, un inconsciente no sometido al tiempo, un inconsciente real.
Lacan, apoyándose en la noción de retroacción, de “nachtraglich”, formulado por Freud respecto de la sexualidad construida en dos tiempos, concibe igualmente un desdoblamiento del tiempo para el sujeto. Existe un tiempo proyectado al futuro y desde allí va a surgir un vector temporal que se dirige al pasado. Es lo que está referido al tiempo del verbo designado como futuro anterior, tiempo desctito en la frase: “habrá sido”. Pareciera que el futuro estuviera ya escrito desde el pasado.
La idea de la retroacción es
igualmente planteada por Freud en sus consideraciones sobre la neurosis
infantil. Lo que habrá de devenir en la vida de un sujeto ya está inscrito
desde la infancia misma del futuro neurótico.
Jacques-Alain Miller plantea en “Introduccion a la erótica del tiempo” que la experiencia psicoanalítica sí conoce el tiempo. Al contrario del inconsciente freudiano la experiencia psicoanalítica, definida a partir de la sesión analítica, es eminentemente temporal.(5)
Pudiera afirmarse que la experiencia psicoanalítica constituye, de una cierta manera, el tratamiento que se dispensa a la condición atemporal del inconsciente freudiano.
La sesión analítica consiste en “una maniobra esencial con el tiempo”, sostiene Miller, lo que conduce a inferir que la duración “standard” de las sesiones deja de lado la posibilidad de maniobrar con el tiempo en ese tipo de sesiones.(6)
Tiempo y libido
Maniobrar con el tiempo en la sesión analítica conduce a introducirse en la dimensión temporal de la libido en sus diversas expresiones: amor, deseo, goce. Dimensión temporal que requiere de la inclusión del analista, la instalación en la experiencia analítica del Sujeto supuesto saber.
El amor está intimamente ligado al tiempo. El amor, el objeto de amor, aspira a una existencia eterna, algo del orden de lo inalterable, la máxima aspiración a ello seria el amor a Dios, la entrega a Dios en un amor eterno, los ejemplos sobran entre los religiosos.
La relación del deseo con el tiempo es de una naturaleza diferente, en tanto la intermitencia en la temporalidad es una característica que la distingue, tal como afirma Lacan en “Subversión del sujeto y dialectica del deseo”:
“(el sujeto) transfiere la permanencia de su deseo a un yo sin embargo evidentemente intermitente e inversamente se protege de su deseo atribuyéndole sus intermitencias mismas “.(7)
Tales intermitencias se refieren al deseo sexual como tal, derivan de la
investidura libidinal, de las
variaciones que se suceden en relación al partenaire sexual.
La intermitencia del deseo sexual se presenta en concordancia con lo indestructible del deseo inconsciente. Tal intermitencia en la temporalidad deriva directamente de los efectos causados por el goce sobre el deseo. Como es sabido, para Freud una vez que se ha gozado del objeto, la consecuencia es una reducción del valor erótico de tal objeto.
Tal reducción del deseo del lado masculino de la sexuación se contrapone con lo que sucede en la mujer donde el goce sexual puede exacerbar el valor erótico del objeto.
El goce, sobre todo el sexual, siempre ha estado marcado por el tiempo, sobre todo en el sexo masculino, quien desde tiempos ancestrales ha buscado la extensión, la prolongación del tiempo de goce sexual.
Y es que de hecho existe una diferencia entre el goce y el deseo, es lo que se puede apreciar en la estrategia histérica, en donde se busca la disyunción entre uno y otro con la finalidad de lograr la continuidad del deseo en el tiempo, gracias a la suspensión o supresión del goce. Esta sería la esencia de la temporalidad en la histeria.
En el obsesivo el manejo del tiempo está expresado por la prolongación, por la extensión, del tiempo al máximo posible.
Lo que conocemos bajo el nombre de “procrastinacion” es la suspensión del goce en el tiempo, pero sin llegar a anularlo por completo. El goce estaría alojado precisamente en esa extensión o suspensión del tiempo.
La sesión analítica
En la sesión analítica existe una dualidad de tiempos, mientras el analizante acude a ella marcado por un tiempo propio de la subjetividad, el tiempo del analista es de otro orden, se trata de un tiempo mas ligado al objeto, un tiempo objetivo.
El tiempo subjetivo del analizante, convocado por la regla psicoanalítica de la asociación libre, se inscribe en el tiempo del futuro anterior, constituido por un vector que va desde el presente hacia el futuro, para luego dirigirse en un momento subsiguiente al pasado. De esta manera se realiza un triple anudamiento: el pasado del analizante contendría todo lo que es presente y su proyección al futuro. En este anudamiento se asienta la consideración freudiana de lo “atemporal” del inconsciente del sujeto, tal como se ha señalado.
Jacque-Alain Miller considera que el desdoblamiento del tiempo, en un vector progrediente y otro regrediente, es indispensable para poder ubicar el enunciado freudiano centrado en el desconocimiento del tiempo por parte del inconsciente.
Todo lo que es dicho por el analizante tiene un antecedente y ese elemento del pasado se actualiza en el presente y se proyecta al futuro del sujeto. Es lo que no cesa de escribirse, lo necesario de la lógica modal aristotélica.
El tiempo del analista en la experiencia analítica constituye el tiempo propio de la sesión analítica. Si el inconsciente freudiano se caracteriza por la ausencia de tiempo, la sesión analítica está dotada de tiempo, del tiempo del analista, que conduce la cura.
Es el analista quien introduce el
tiempo en la sesión gracia a la función del Sujeto supuesto saber.
Miller formula que esta función introduce en la sesión analítica la experiencia ordinaria del tiempo de una manera inédita en la medida en que todo lo que allí pasa, todo lo que se dice, es experimentado por el analizante teniendo como telón de fondo el Sujeto supuesto saber, la función que permite inscribir en el presente lo acontecido en el pasado, comporta por tanto la existencia de una escritura previa.
La palabra, el significante surgido en un enunciado presente reenvíaa una inscripción previa, reenvía a su enunciación gracias al Sss. De este modo la presencia del analista viene a introducir una actualización del pasado del sujeto.
Estructura, acontecimiento y tiempo
Freud concibe la transferencia como una suerte de anudamiento entre dos registros: el sentido y la satisfacción.
La operación analítica, teniendo como soporte el Sujeto supuesto saber, consiste en encontrarle sentido a aquello que se presenta como desprovisto de ello. Por otro lado se sitúa la dimensión libidinal, que va a suministrar energía a las representaciones, a los significantes reprimidos, bajo la forma de investiduras.
Entre estas dos dimensiones en juego en la transferencia, semántica y libidinal, vendría a situarse el sintoma en la llamada por Freud “neurosis de transferencia”, dado que tanto la una como la otra son susceptibles de substitución.
Por medio de la transferencia se produce la sustracción de la significación
original y se la transforma en un nuevo sentido.
Al mismo tiempo la transferencia da cuenta de una investidura libidinal que vendrá a incidir en esa nueva organización semántica de los síntomas a nivel inconsciente.
De tal manera que en la sesión analítica el carácter primordial de la transferencia se define en primer lugar a partir del Otro del acontecimiento semántico del sintoma, para desde allí orientar el camino que lleve al referente libidinal, al objeto (a).
Se instala asi una temporalidad en el inconsciente freudiano , el carácter primordial de la transferencia define como Sujeto supuesto saber, al Otro semántico presente en el sintoma, tiempo uno de la Bedeutung que será seguido por un tiempo segundo definido por la ruta que conduce al referente libidinal, el Sinn, el objeto (a). Es lo que Lacan escribe en el matema del lado izquierdo de la formula del discurso del analista:
a
----
$
Es decir, la libido vendrá a ocupar el lugar de lo semántico. JAM plantea en el capitulo III de “Los usos del lapso” que a partir de esa elaboración freudiana puede hablarse entonces de significación de la satisfacción. En Freud lo real del inconsciente sería equivalente a esas reprentaciones investidas de libido que serán objeto de transferencia.
De estas representaciones de investiduras libidinales va a surgir en Freud la nocion de fantasma, que tiene para él estatuto de acontecimiento, necesario para la formación de la neurosis.
De esta manera, el acontecimiento imprevisto, contingente, vendrá a encontrarse con el acontecimiento pre-escrito ya en el fantasma.
Para Lacan, afirma Miller en el citado capitulo III de “Los usos del lapso,
se tratan de acontecimientos de estructura. El fantasma es estructural, al
contrario del sintoma, que será considerado como un acontecimiento contingente.
La contingencia encontrándose con la necesidad.(8)
Continua planteando Miller que el trayecto que va de lo libidinal a lo semantico es equivalente al trayecto que va del síntoma al fantasma. Trayectoria que necesita del factor tiempo tanto a la ida como al retorno. Se trata del tiempo que tarda el referente libidinal en llegar a ocupar el lugar de la significación.
El Sujeto supuesto saber se constituye en la sesión analítica, es el
inconsciente de la sesión analítica, pero no el inconsciente atemporal
freudiano. Se trata del inconsciente definido como sujeto y no como memoria sin
tiempo, como lo formulaba Freud.
El inconsciente-sujeto, Sujeto supuesto saber, no comporta un sometimiento a leyes y normas, no es el inconsciente del automaton , sino el inconciente de la Tyché, ligado mas bien al azar, a lo imprevisto. De qui surge en Lacan la necesidad de operar con sesiones cortas en el tiempo, incluso ultracortas. Sesiones donde su final no está predeterminado por el tiempo establecido de antemano, tiempo del automaton, sino por el tiempo propio del acontecimiento imprevisto, azaroso, tiempo de “Tyche”.(9)
Lo mismo vale para la interpretación analítica, surgida como un acontecimiento imprevisto que forma parte de
la cura Asi la modalidad temporal
propia tanto de la duración de la sesión
analítica de corte lacacaniano, como la de la interpretación , estaría dada dada por la sorpresa, por lo imprevisto. (10)
Ronald Portillo
Referencias bibliográficas:
1) Freud S., Manuscrito M, Fragmentos de la correspondencia con Fliess, Amorortu Ed., , Bs As, , T I, p. 293
2) Freud S., “Lo inconsciente “, Amorortu Ed., Bs As, T XiV, P. 184
3) Freud S., “Mas allá del principio del placer”, Amorortu Ed., Bs As, T XVIII, p. 28
4) Freud S., “La interpretacion de los sueños”, Amorortu Ed., Bs As, T V , P. 608
5) Miller J-A., “Introduction a l’erotique du temps”, la Cause freudienne No. 56, Navarin Ed., Paris, p.71
6) Ibid
7) Lacan J., Subversion du sujet et dialectique du desir, Ecrits, Seuil Ed. Paris, p. 815
8) Miller J-A., “Los usos del lapso”, Paidós Ed., Bs As, p. 63
9) Ibid, p.70
10) Miller J-A.,”Introduction” , op. cit., p. 79
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