Algunas ideas en torno al instante, que emerge como sorpresa. Estela Castillo


En el primer encuentro de nuestro Seminario de Caracas, escuchar los trabajos de Paúl Mata y Julieta Ravard, evocó en mí la pregunta por el cuerpo vivo del analista y su relación con el tiempo ¿pudiera el cuerpo del analista ser del orden de la Tyche? Cuando recibo la invitación para trabajar, junto a ustedes, encontré un buen momento para compartir algunas ideas sobre dos puntos que me interrogan, respecto a la Tyche y el Automatón, en relación a lo que nos convoca hoy, la sesión analítica.

¿Cómo se sabe, que se está, en un dispositivo analítico? Me aproximo con decir que nos encontramos en el terreno de lo no previsible, tanto por parte del analista, quién no sabe con qué se va a encontrar, como por parte del sujeto, que por más que la neurosis empuje a algunos a intentar preparar y calcular los dichos, tiempo previo a la sesión, todo ése trabajo resulta en vano, algo siempre se escapa a la propia enunciación, dejando muchas veces a los sujetos descolocados, sobrepasados, en fin, sorprendidos por aquello que se fugó en su decir, entonces nos encontramos en una experiencia de palabra1 ¿cómo cada uno de nosotros lee esa expresión? El psicoanálisis es una experiencia de palabra.

La Tyche, en tanto encuentro con lo real2, hace de la sesión analítica, una experiencia que sorprende, que me sorprende y permite que me interrogue por mi práctica y mi acto. Se trata de un encuentro con lo real siempre fallido, tan fallido es, que basta con querer narrar un sueño para que no se esté seguro de lo que se soñó, basta confundir una palabra con otra por su homofonía o que en medio de la asociación libre irrumpa un recuerdo infantil, para constatar que algo más allá de lo que se enuncia, se quiere hacer oír. Intentar aproximar una lectura a aquello que se presenta sin ley en la singularidad de cada caso, es parte del real de nuestra formación.

No todas las sesiones analíticas tienen un efecto de sorpresa, y conviene que así sea. El analista no está en posición de buscar sorprender al sujeto que consulta. Eso derivaría, en mi opinión, en la degradación del acto analítico, por medio de la fascinación y la idealización del analista. Miller nos recuerda que es importante preservar la sorpresa, ya que es en ella, que se inscribe la interpretación en el tiempo3. Es así parte fundamental del acto del analista, es corte, ruptura, irrupción que por sus consecuencias se puede constatar el surgimiento de algo nuevo, o bien, ser leído como nuevo.

La sorpresa pasa a ser sólo un instante ¡no vivimos sorprendidos, no podríamos! Eso sería imposible de sostener, si pensamos el inconsciente como una hiancia que abre y cierra, en una porción brevísima de tiempo. ¿Qué encontramos tras la sorpresa? En ocasiones, ésta puede dar cuenta de un momento de ¡satisfacción! ¡Algo ha tocado el cuerpo, despierta! para luego ser velado y recubierto nuevamente por el sentido. ¿Qué ha acontecido? Un misterio. Es en especial en estos momentos, cuando entiendo que el control se impone, dispositivo creado por Lacan para pensar sobre el acto y sus consecuencias. Sobretodo cuando las pistas de la satisfacción van acompañadas de un saber que se vuelve cada vez más opaco… en ocasiones, sin palabras.

A veces, un instante de sorpresa, puede hacer que un sujeto consienta a volver una siguiente vez ¿Serían éstos unos primeros esbozos de la transferencia? ¿Sería esto posible sin el deseo del analista operando? Es entonces cuando me pregunto ¿Cuáles son las condiciones que hacen posible, lo imposible? En medio de mis elaboraciones, ocurre la 3ra Escansión del Seminario de la NEL, allí me asombro al escuchar a Ricardo Seldes como invitado, quien hizo durante el encuentro -si lo recuerdan- diferentes alusiones en relación a la sorpresa. Entre ellas una me perturbó de la buena manera, contexto: en Disciplina del comentario, Luis Iriarte elaboraba sobre los Consejos al médico de Freud, diciendo que “conviene al médico dejarse sorprender y alojar lo imprevisible” a lo que Seldes aporta: “conviene al analista estar a la espera de la sorpresa” y más adelante dijo: “la sorpresa surge en el acto analítico… donde el sujeto aparece sorprendido con su falta en el saber, un saber de lo sexual”4. Yo agregaría además, donde el analista se ve a sí mismo sobrepasado por su acto, esto me abre nuevos caminos para pensar el horror al acto del que nos habla Lacan.

Volviendo a la frase: “Estar a la espera de… la sorpresa” ¿Es esto una paradoja? Sería como esperar lo que se presenta como inesperado ¿de qué espera se trataría? En la RAE5 encontramos algunas definiciones, entre ellas 1. Tener esperanza de conseguir lo que se desea. 2. Creer que ha de suceder algo… Pienso, por un lado, que la posición de Lacan nunca fue la de la esperanza, por ello, ¿pudiéramos pensar que se trataría en una espera articulada al deseo y la posición del analista? En espera no sólo de que el sujeto hable, sino que de lo que diga, se pueda obtener su diferencia absoluta.

Para que las palabras enunciadas tengan su soporte real, requieren de a- guardar la interpretación, término que me gusta más. Siguiendo el hilo de las condiciones que anteceden a la sorpresa, sería necesario el establecimiento entonces de una regularidad, de forma tal que, el automatón es condición de la Tyche6. Sesiones donde el silencio y la presencia del analista bajo transferencia, hacen también parte fundamental de la sesión analítica, aportando a la experiencia, su espesor.

Me interesa la lectura que podamos hacer entre la sorpresa y el momento de un despertar ¿Responderían ambas a temporalidades o encuentros distintos frente a lo real? no en vano Lacan en el Seminario 11, revisita el sueño de Padre ¿entonces, no ves que ardo? Descrito por Freud en la Interpretación de los sueños:

Freud dice: me fue contado por una paciente que a su vez lo escuchó en una conferencia sobre el sueño… A esa dama le impresionó su contenido pues no tardó en “resoñarlo”.

Un padre asistió noche y día a su hijo mortalmente enfermo. Fallecido el niño, se retiró a una habitación vecina con el propósito de descansar, pero dejó la puerta abierta a fin de poder ver desde su dormitorio la habitación donde yacía el cuerpo de su hijo, rodeado de velones. Un anciano a quien se le encargó montar vigilancia se sentó próximo al cadáver, murmurando oraciones. Luego de dormir algunas horas, el padre sueña que su hijo está de pie junto a su cama, le toma el brazo y le susurra este reproche: Padre, ¿Entonces no ves que ardo? Despierta, observa un fuerte resplandor que viene de la habitación vecina, se precipita hasta allí y encuentra al anciano guardián adormecido, y la mortaja y un brazo del cadáver querido, quemados por una vela que le había caído encima encendida7.

Justamente la sorpresa para Freud, es que frente a tales circunstancias, el padre en lugar de despertar, produce un sueño, en tanto, cumplimiento de deseo (hijo que aún vive). El análisis de Lacan designa algo, que me parece una clave importante para orientarnos, designa un más allá que se hace oír en el sueño. En él, el deseo se presentifica en la pérdida del objeto, ilustrada en su punto más cruel (la muerte de un hijo)8.

Notamos que Lacan no sólo nos invita a orientarnos por lo real más allá del sueño, sino también por el tiempo, lo que permitiría dar lugar a que se presentifique ésa otra realidad que es susceptible de ser leída, en éso que el sujeto dice, tras lo que se escucha, diría que se trata del surgimiento de un texto con potencial de lectura, de un saber que requeriría del instante en que aparece el acto del analista, para que su sorpresa pueda tener efectos de verdad, efectos de goce.

Referencias Bibliográficas:

1. Alberti, C. Presidenta de la AMP. Conferencia Cómo hablar con el niño ENAPOL 5 de septiembre de 2025.

2. Lacan, J. Seminario 11 (1964). Apartado: El inconsciente y la repetición CAP V. Tyche y Automaton. Paidos. Argentina, 1987. p. 62.

3. Miller, J.-L. (2001). La erótica del tiempo. Tres haches. Buenos Aires: Argentina. pp.41- 42.

4. Seldes, R. Vicepresidente de la AMP. Invitado a la Tercera escansión del Seminario de la NEL. La dirección de la cura y los principios de su poder. 4 de octubre de 2025.

5. Real Academia Española https://dle.rae.es/esperar

6. Miller, J-L. (2001). La erótica del tiempo. Tres haches. Buenos Aires: Argentina. p. 79.

7. Freud. Obras completas. Tomo V. La interpretación de los sueños 1900-1901 Amorrortu editores. Apartado VII. Sobre la psicología de los procesos oníricos.

8. Lacan, J. Seminario 11 (1964). Paidos. Argentina, 1987. p. 67.

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